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Gustavo Torner  Gustavo Torner (Cuenca. España 1925)

 

 

Pintor y escultor español que junto con Gerardo Rueda y Fernando Zóbel forma la llamada “Escuela Conquense”, la cual constituyó una de las primeras iniciativas de introducir en España las nuevas corrientes del arte moderno, en la década de los 60 del siglo XX, siendo la fundación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca su principal iniciativa.

 

Gustavo Torner de la Fuente nace en Cuenca el 13 de julio de 1925. De formación autodidacta, Gustavo Torner estudió ingeniería Técnica Forestal, y en 1946 comenzó a ejercer esta profesión en Teruel. Sus buenas artes como dibujante le sirvieron para recibir el encargo de unas láminas botánicas que aparecerían en la obra Flora Forestal de España. Estas ilustraciones, de calidad muy notable, sin duda influyeron en lo que luego sería su obra posterior. En 1950 viaja a Francia e Italia, lo que también constituyó una influencia notable. En 1951 se traslada a Cuenca, donde sigue ejerciendo la ingeniería. En este momento mantiene una relación de amistad con Antonio Saura, y comienza a pintar.

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Tierras rojas, verde oliva (1959. Arena, látex, cáñamo y óleo sobre lienzo. 89 x 116 cm. Colección del artista) © Gustavo Torner

 

Las primeras obras de Torner toman de la naturaleza los temas, y luego encontraremos que el interés por el mundo natural es una constante en toda su obra. En 1956 realiza su primera obra abstracta, “Roca”. A partir de aquí comienza una etapa artística dentro de la corriente informalista, en la que los conceptos quedan expresados por medio de los materiales que se emplean, y especialmente las texturas, sin que existan referencias figurativas. Aunque el óleo fue la única materia empleada en un principio, pronto añadió a estos pigmentos materiales como la arena, o fragmentos vegetales.

 

El primer Torner fue de un informalismo que podríamos llamar ortodoxo. El látex, la arena, el óleo, raíces, cáñamo, paja, cartón, chatarra y otros materiales se disponían como por sí solos sobre el lienzo. Entre 1959 y 1960 empieza a acusarse un cambio que será decisivo: el espacio se va abriendo, y el cuadro termina por ofrecer zonas vacías cada vez más amplias –la mitad superior, dando una suerta sugestión de horizonte a la divisoria-. Lo que privará, finalmente, será ese vacío: como ocurre en muchos barrocos, será la alternativa al horror vacui. Hay un momento, en 1963, en que existe una especia de gozne, cuyo conocimiento nos ayudará a explicar lo que viene después: en la parte superior del cuadro surge un círculo, marcado por una fina línea. Y, por otra parte, se producirá una división del cuadro originada por una raya vertical.

 

A partir de ese momento la obra de Torner se inclinará por lo constructivo. El espacio se compartimentará, a veces, por una simple línea divisoria. Pero no se trata de un resultado frío: en último término, una vibración delicada imprimirá al conjunto un “valor” sensible, lírico. Además, lo constructivo es acaso, en última instancia, el “campo”, que es recorrido por ese soplo lírico, que se concreta y toma cuerpo en ciertos temas o elementos de carácter orgánico –que pueden estar situados en el centro del cuadro o no-. Estos elementos vienen a ser alusiones directas o indirectas a lo humano, y pueden ser poéticas, irónicas e inquietantes.

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Negro, apergaminado verdoso (1960. Látex, feldespato, cáñamo, pigmentos y óleo sobre lienzo. 116 x 89 cm. Colección del artista) © Gustavo Torner

 

Estos planteamientos artísticos alcanzaron mucha mayor complejidad a mediados de los años 60, en aras a la consecución de una mayor expresividad, de modo que la madera o el metal sustituyen al convencional lienzo, y aparecen ya todo tipo de objetos y materiales: nylon, piel sintética, cartón, plástico ... Torner realiza instalaciones de gran sentido escenográfico, debiendo mencionarse por su significación la serie “Homenajes”, dedicada a artistas del pasado, realizada sobre 1965. Encontramos así obras plagadas de imágenes contradictorias y equívocas, pertenecientes a un universo imaginario de realidades contrapuestas y falsas apariencias. La división del cuadro por una línea perpendicular es característica de 1967. a este año corresponden obras en lienzo con composición y elemento de “collage”, como “Solo entre blanco y negro” o “Homenaje a Quevedo”.

 

Al mismo tiempo, Gustavo Torner comienza a realizar obras escultóricas, como el Monumento Conmemorativo del I Congreso Mundial Forestal, de 1966, elaborado con acero y troncos de árboles, y emplazado en la serranía de Cuenca, donde encajaba con toda naturalidad. Esta actividad escultórica ocupó gran parte de la actividad de Gustavo Torner entre 1971 y 1977. Se trata, por lo general, de obras de gran tamaño y formas geométricas simples, realizadas a partir de todo tipo de materiales, y explorando las posibilides de diversas texturas. Esta simplicidad geométrica no conlleva simplicidad técnica, sino que por el contrario su elaboración y montaje es de gran complejidad, y a menudo implica el uso de electricidad, agua, etc. La obra es estos casos es un elemento que trata de llevar una idea al espectador, pero no por la simple observación pasiva de este, sino a través de una reflexión no exenta de dificultad.

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Icono para meditación (1968. Objetos sobre metacrilato en marco con pintura metalizada. 114 x 114 cm. Colección del artista)
© Gustavo Torner

 

Desde que en 1965 Gustavo Torner deja su carrera de ingeniero y se dedica íntegramente a su carrera artística ha alternado la pintura y la escultura con otras muchas expresiones artísticas, tales como creación de obra gráfica, escenografía, y figurines de teatro y ópera, tapices, etc. También ha colaborado en el diseño de espacios tan significativos como algunas salas del Museo del Prado, las vidrieras de la catedral de Cuenca, el Museo Diocesano de Arte Religioso de Cuenca o el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. En 1966, Torner inicia la serie de grandes esculturas como “Espacio-Tiempo” (1967), “Música callada” (1971), “Laberinto” (1973), “Castilla” (1983), “A la Constitución” (1986), “La rectitud de las cosas XVI” (1986), etc ... Como asesor artístico de la Fundación Juan March diseña la exposición itinerante “Goya: Caprichos, Desastres, Tauromaquia, Disparates” y colabora en dicha Fundación en la elección de los temas y las obras de sus exposiciones, y ejecuta el montaje de las mismas entre 1973 y 1996. En 1966 le otorgaron la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio.

 

En 1969 colabora en el teatro con la escenografía y figurines para “El castigo sin venganza”, de Lope de Vega. En 1970 se encarga de la escenografía y figurines para la ópera “El Poeta”. En 1971 trabaja en “El Retablo de Maese Pedro” con música de Manuel de Falla sobre textos de Cervantes. En 1972 participa en el montaje “El pato silvestre” de Henrik Ibsen, y en el mismo año se ocupa de la escenografía y los figurines de “El sombrero de copa”. En 1996 participa en la escenografía y los figurines para la ópera “Selene”, de Tomás Marco y “La vida breve”, de Manuel de Falla, para el Teatro Nacional de la Zarzuela de Madrid. En 1983 realizó el diseño y montaje del Museo de la Catedral de Cuenca el Jardín-Patio de esculturas en la sede de la Fundación Juan March, en Madrid.

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Eclipse (1971. Metacrilato y madera pintada y lacada. 180 x 120 cm. Colección del artista) © Gustavo Torner

 

En 1989 inicia el diseño de las vidrieras para la Capilla Mayor de la Catedral de Cuenca. Durante toda su carrera recibió un gran número de premios y condecoraciones: el Primer Premio del I Certamen de Escultura al Aire Libre de la Villa de Madrid, en 1930; la Medalla de Oro de la Ciudad de Cuenca, en 1984; la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, en 1987 y en 1993, la Medalla de Oro de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Junto a su obra de caballete es muy importante su labor relacionada con la arquitectura, principalmente monumentos, en los más diversos materiales –madera, acero, piedra, cemento, mármol-. Un dato que es preciso registrar, incluso en una breve nota, es su decisiva intervención en la creación del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

 

En 1992 fue nombrado Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fue cartelista de la Semana Santa de Cuenca en el año 1999. En el Museo del Prado se encargó de la rehabilitación de la segunda planta del ala norte del edificio Villanueva (siglo XVIII europeo, antes ocupada por el taller de restauración) y de la segunda planta del ala sur, antes ocupada por oficinas y en la que tras el desalojo se habilitaron once nuevas salas, diez que acogen obras de Goya (entre ellas los cartones para tapices) y de contemporáneos suyos, como Paret y Maella, y la sala de exposiciones temporales de dibujos, además de remodelar varias salas más de las plantas baja y primera. En el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, también en Madrid, diseñó igualmente la rehabilitación de las nuevas salas de la planta superior.

 

En 2004, Torner donó más de quinientas obras al Museo Reina Sofía de Madrid, y en diciembre de 2005 la iglesia de San Pablo, en Cuenca, frente a las Casas Colgadas, se convirtió en el Espacio Torner, lugar que alberga cerca de cuarenta esculturas y gran cantidad de obra píctórica del artista. Ha sido asesor de la Fundación Juan March, y desde 2002 doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha.

 

En diciembre de 2005 se inauguró en Cuenca el Espacio Torner, centro de arte concebido y diseñado por Torner, en el que se exponen permanentemente 40 de sus obras, dentro de la antigua Iglesia de San Pablo, edificio gótico del siglo XVI. La conjunción de contenido y continente ha merecido una mención especial en los premios de patrimonio “Europa Nostra”.

 

 

© Todas las obras tienen el copyright de Gustavo Torner

 

 

Fuentes:

 

 

 

Blog de Pintura del pintor Meko (Jesús Meco Castellanos)